A propósito de Ficciones sobre refugios y comunidades accidentales 

Pilar Villela. Junio de 2023. 

Creemos haber encontrado esa invención de la máquina de guerra entre los nómadas.. 

Deleuze y Guatari, Tratado de nomadología- La máquina de guerra 1

 Acumular material sin sentido, apilarlo sin orden y colgarlo le dan una forma provisional. Se acepta el azar y lo indeterminado queda implícito, en la medida en que reemplazar cualquier cosa daría como resultado otra configuración

Robert Morris, AntiForma 2 

Dice Rubén que su obra está hecha de fragmentos que remiten a narrativas más amplias, pero ausentes. Dice que apuntan a historias que no están desarrolladas, sino que sólo quedan sugeridas por lo que presenta en fotografía, video, dibujo o texto. Quizá este uso del fragmento tenga algo del trailer que apenas nos permite ver de qué trata la película. También, quizá, su obra tenga algo de ese gusto por la ruina y el fragmento con los que el romanticismo aspiró a tender puentes con lo inefable y con el absoluto. Tengo la certeza de que las ideas que expongo a continuación no están presentes en la obra de Rubén. Me concentro, en cambio en lo que veo sin que esté ahí, confío en que sea como una misma sustancia psicoactiva o un Zeitgeist que produce percepciones similares en individuos que están pensando cosas totalmente diferentes, pero aún así son humanos y ¿qué le vamos a hacer? ahora les tocó vivir: nacimos cuando la modernidad se desplomaba y seguimos asistiendo al desplome – aburridísimo, largo y en cámara lenta – de su hermanita la postmodernidad.

Al despuntar los años setenta del siglo pasado, después de las Torres de Satélite y la Ruta de la Amistad, Goeritz recordaba las ambiciones que había tenido después de realizar las Torres y antes de concretar la Ruta:  

La idea era erigir sobre (las carreteras que atraviesan México de norte a sur y de este a oeste) grupos de torres o de formas primarias gigantescas(…) en regiones subdesarrolladas o, incluso, desiertas. Alrededor de estas estructuras se podrían construir estaciones que empezaran por tener hoteles, gasolinerías y pequeños museos regionales de arte prehispánico o popular a fin de que se convirtieran en centros para el turismo automotriz. El objetivo de este plan no era sólo crear una serie de estaciones para turistas, sino fomentar que en torno a ellos se desarrollaran nuevas poblaciones con industrias locales(…) 

Quizá afortunadamente, ni el país, ni el dinero le dieron para tan desaforadas ambiciones. Si bien, en el mismo artículo, Goeritz vacila en cuanto a los antecedentes de su proyecto haciendo referencia a los que conocía al momento de concebirlo y a los que conoció después, resulta difícil no encontrar paralelismos (paraeidolia) entre su entusiasta desarrollismo carretero y las poblaciones generadas por la construcción de templos y las rutas de peregrinaje en la baja Edad Media donde, como en la obra de Goeritz, el comercio y el fervor iban de la mano y donde se trataba de interrumpir un flujo, de producir arraigo a partir de la movilidad. Una década antes, en Gangland et Philosophie, Attíla Kotanyi -otro inmigrante, en otras latitudes-, enumeraba las condiciones de una utopía opuesta, en todos los sentidos, incluso en la omisión de la ocupación de “Tierras vírgenes”, con la que fantaseaba Goeritz: 

Aquí deberíamos desarrollar un pequeño glosario de vocabulario desviado (detourné). Propongo que muchas veces cuando se dice “vecindario” debería leerse “territorio del cartel”. De igual manera organización social = protección; sociedad = crimen organizado; cultura=condicionamiento; ocio = actividad criminal protegida; educación=premeditación. 

“El arte integral del que tanto se ha hablado solo se puede llevar a cabo a nivel de urbanismo” (Debord). Es ahí, de hecho, dónde está el límite. Es en esa escala donde se vuelve posible quitar ciertos elementos decisivos de condicionamiento. Sin embargo, si esperamos que baste la magnitud de la escala para generar resultados favorables habremos cometido el más serio de los errores. 

El neocapitalismo también ha encontrado algunas ventajas en la gran escala. Día y noche no habla de otra cosa que no sea la planeación urbana y el desarrollo nacional. Pero, obviamente, su verdadera preocupación es el condicionamiento de la producción de mercancías que, según siente, se le escaparía si no recurriera a esta nueva escala. 

Todas estas referencias corresponden a ese mundo que veo, entrecerrando los ojos, y que ha quedado irremediablemente en el pasado. Ahora son otros nuestros debates, nuestras preocupaciones, quizá porque ya fuera como descripciones o como programas, una parte de todos estos programas del pasado existe materialmente en el presente: los monumentos languidecen entre los puestos ambulantes y las torres empresariales, los afanes situacionistas son ahora “activaciones” que toman de la mano alegremente a las fuerzas vivas de la gentrificación, los paralelismos entre las mafias y la organización social son moneda corriente, las esculturas antiforma remiten a los montones de desechos generados por la “moda rápida”. En esta muestra, la obra de Rubén se aproxima a los “espacios seguros” que dan origen a sus refugios. Estos espacios seguros presentan una genealogía un tanto siniestra que no es sólo la de los lugares de reunión de minorías amenazadas como las mujeres o los homosexuales en los Estados Unidos en la década de 1960, sino el que les asignó su creador, el psicólogo Kurt Lewin, uno de los fundadores de la “psicología organizacional”. Lewin concebía estos espacios como lugares en donde uno podía quejarse de los empleados o del mismo patrón sin temer represalias. Estas quejas podrían entonces ser instrumentadas para volver más eficiente la organización. Todos los personajes en las ficciones fragmentarias de Rubén arrastran vínculos conflictivos, contradictorios, con los espacios que habitan como si estuvieran en un estado de animación suspendida: las esferas minimalistas de Forzar la puerta del presente vagan, sin rumbo, en el espacio de excepción de la sala de exhibición, sabiendo que, de perder su protección, ellas perderían también su excepcionalidad, atrapadas en la aporía arte/vida desde hace más de un siglo. Los personajes de Amigos Imaginarios remiten a unos muñequitos de plastilina que el artista atesoraba, de niño, bajo su cama, pero también a sus ancestros, un ejército de soldaditos de plomo en el momento previo o posterior a la batalla. Los montones de ropa que cubren los monumentos de Nueva Ruta de la Amistad y que simulan refugios temporales de grupos de adolescentes nómadas despojan a los monumentos de su función de dar orden y certeza en el espacio urbano, pero también proyectan una situación que, a diferencia de la que describen Deleuze y Guattari en su célebre tratado, no coexiste con otras formas de organización a las que se oponen, sino que tan sólo son un momento en un drama en desarrollo: los adolescentes nómadas se han separado de sus padres, pero aún no han crecido. A diferencia de los miembros de la tribu de los niños perdidos de Peter Pan, irremediablemente, crecerán. En su tensión entre lo fluido y lo estático, entre la escala diminuta y la monumentalidad quizá su fragmento no sea el de la ruina del romanticismo, sino el de un tiempo detenido, un interregno prolongado que sueña con pasados míticos en tanto que ha perdido el rumbo de su posible continuidad.